El misterio de la Tierra Perdida
¡Hola! Me llamo Ana. Soy una niña de pelo negro y ojos azules. Casi siempre llevo mi camisa verde y mis pantalones blancos. Tengo 11 años. Me gusta la aventura y siempre he soñado con ir a un lugar que nadie haya pisado jamás.
Mi historia comienza cuando yo volvía a casa, acababa del salir el colegio y me encontré una extraña piedra roja con una figura dibujada, bastante rara, pero, como era bonita me la quedé.
A la mañana siguiente al acabar el colegio fui a la biblioteca a buscar algún libro que hablara de piedras raras. Busqué, busqué y rebusqué y al final lo encontré. Después busqué piedras rojas y me ponía: “no existen piedras rojas pero, una leyenda cuenta que en una isla perdida, en el Atlántico, había una piedra roja que protegía la isla, pero, un día vino un torbellino y se llevó la piedra a otro lugar “
A la mañana siguiente se lo comenté a mis amigos:
-Vamos a hacer un viaje fantástico.
-¿Qué viaje Ana?-preguntó María-
-Veréis, tenemos que ir a una isla perdida en el Atlántico y devolver esta piedra.
-¿Dónde está esa isla?-preguntó Manuel-
-No lo sé pero … la encontraremos.
-¡Te has olvidado de lo más importante! … ¿De dónde sacamos un barco? –dijo Juan-
- Lo robaremos –dije-.
-¿Cómo? -preguntaron todos-
-Iremos al puerto a las doce la noche y lo cogeremos.
Llegó la noche y no había nadie excepto nosotros, cogimos un barco y nos fuimos a buscar la isla.
Al día siguiente salí de mi camarote, y fui ver qué noticias había, pero, al salir no estaba mí tripulación. Busqué, busqué y busqué y al fin los encontré. Estaban escondidos detrás de un barril:
-¿Que os pasa?
-Hay un barco pirata –me dijo Juan-.
-¡Tonterías!. No hay nada. Además los piratas no existen.
Miré al mar y… ¡¡un barco pirata!!
-Juan, María y Patricia preparad los cañones. Manuel, Mónica, Ramón y Carmen coged las armas y preparaos, yo iré con vosotros.
-¿Porqué tenemos que luchar? –Preguntó Mónica-
-Porque lo digo yo.
Después de esas palabras nos empezaron a disparar.
-¡¡¡Fuego, fuego, fuego!!! –dije-
-¡¡¡Nos atacan!!! –Dijo el otro capitán-
Saltaron a nuestro barco y empezamos a luchar, era muy difícil, pero les ganamos.
-Bien hecho tripulación –dije-.
Todos volvieron a sus posiciones.
Después de tres horas gritó Manuel:
-¡Tierra a la vista!
-Seguro que está en esa isla –Pensé-.
Nosotros fuimos a investigar por si era esa la isla. Tuvimos que pasar por una peligrosa jungla de arañas gigantes, después pasamos por un desierto de peligrosos escorpiones y por último llegamos a unas antiguas ruinas, avanzamos un poco más y llegamos a un sitio donde había un agujero. Yo puse la piedra a ver si era de ahí y … ¡encajaba perfectamente!. De repente todas las ruinas empezaron a juntarse y formaron un hermoso palacio.
-Que bonito -dijimos todos-.
-Ahora tenemos que salir de aquí –dije- ¡Vámonos!
-¡Siiiiiiiii! – dijeron todos-
Después nos fuimos pero cuando llegamos a la jungla nos raptaron unos monos. Llegamos a un sitio donde había muchos plataneros, casas hechas de palos y parques donde los juegos estaban fabricadas de palitos y huesos de araña gigante. Después nos ataron a un poste y nos intentaron quemar. Menos mal que tenía un cuchillo muy afilado y nos pudimos desatar, pero después nos intentaron pegar y nosotros nos defendimos con mi cuchillo y les ganamos como a los piratas.
Nos fuimos corriendo a toda velocidad hasta el barco pero no estaba, miré y encontré un barco bastante más pequeño y nos fuimos remando hasta nuestra casa.
Cuando llegamos les contamos a todo el mundo nuestra historia y Marta la niña más popular del colegio nos dijo:
-Eso no puede ser verdad porque unos niños tan fracasados coma vosotros no podrían ir a semejante sitio porque no sabéis ni conducir un barco, ni luchar contra piratas y no me creo que encontraras esa piedra roja porque no existen.
-Si sabes que no existen porqué no lo buscas en la biblioteca –le dije-.
-Porque no quiero, yo ya lo sé, así que si me disculpáis me tengo que ir no quiero que no quiero estar con unos fracasados como vosotros. A sí que chao me voy de aquí.
-Bueno ella no lo sabe porque no fue, si no, no diría semejante burrada. –Nos dice Juan y nos empezamos a reír todos.
Andrea Garea González 5ºB
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