martes, 23 de marzo de 2010

MI ABUELO

Mi diario:
Mi abuelo

11-4-09 Querido diario
Hola, me llamo Alejandra, y como cualquier niña de mi edad, tengo unos padres; también tengo un abuelo fabuloso y muy divertido, se llama Ramiro. Él me cuenta grandes historias de cuando era pequeño y de cuando fuera a la guerra pero, como cualquier historia que se precie, hay que echarle algo de imaginación, ¿no es así? Como, por ejemplo, un dragón atemorizando las calles de mi aldea o un gigantesco helado parlante de fresa como mascota de cien mil niños. Y, ¿a que no sabéis por qué le ponemos tantísima imaginación a las historias? Pues, porque cuando mi abuelo era pequeño, su vida no era tan divertida como lo es la mia.
Mi abuelo y los niños de la zona no iban a la escuela, sino que se quedaban en casa ayudándoles a sus madres o a sus padres con sus tareas. También me cuenta a veces, antes de que yo le interrumpa con una de mis locuras, que sus padres y él eran muy pobres, y se ganaban la vida trabajando tierras. A veces me comenta que, cuando él tenía diez u once años, es decir, mi edad, sus padres tuvieron que emigrar a otro país y él se tuvo que quedar aquí, en un internado, y que después de varios años, su madre regresó con la triste noticia de que su padre había fallecido. También me dice que, dos años después, su madre lo sacó del internado y estuvo dos meses sin acudir a la escuela, pero después se fue a otro internado hasta cumplir catorce años, pues con esa edad, comenzó a trabajar como alfarero. Años más tarde conoció a una joven, que actualmente es mi abuela, con la que se casó y tuvo como hijos a Enrique, mi tío, y a Luisa, mi madre. Más tarde tuvieron que emigrar a Galicia, donde comenzaron una nueva vida con sus hijos; después, el destino, quiso que mi madre se tuviera que separar de sus padres y de su hermano, estudiando en un internado.
Esta es la historia favorita de mi abuelo, aunque, sigue:
Con cincuenta y dos años, mi abuelo se tuvo que ir a la guerra, y no volvió a ver a mi abuela hasta siete años después. Cuando llegó, ya estaban viviendo todos juntos y, además, mi madre ya había conocido a mi padre y, después todo fue feliz. ¡Ay!, casi me olvida, yo ya había nacido, y mi hermano también, lógicamente, porque es mayor que yo.
Otra de sus grandes historias la de que, cuando estaba en el internado, tenía una profesora muy remilgada y severa, así que, mi abuelo le puso una chincheta en el asiento y, cuándo la maestra se sentó para dar la clase, se la clavó y empezó a gritar y a correr por todos los pasillos.
También nos reímos mucho con la de que, una vez, cuándo estaba en casa, mi abuelo estaba tendiendo la ropa, y se le cayeron las sábanas a una charca de barro y, como él no daba lavado la inmensa sábana, fue al tendal de su vecina y se las cambió, y como eran iguales, aun hoy nadie se dio cuenta.
Mi abuelo, aparte de contar historias increíbles, también cambia los cuentos, pero eso os lo diré otro día porque está a punto de venir a contarme una de sus maravillosas historias y yo, le tengo que poner mi toque fantástico.


12-4-09 Querido diario
Ayer, mi abuelo me contó la increíble historia de su hermano Jacinto, y era así:
“Yo tuve un hermano gemelo llamado Jacinto. Jacinto y yo fuimos separados al nacer, a él lo adoptaron y yo me quedé con mi familia.
Unos años después, cuando yo ya estaba casado con tu abuela me puse a buscarlo por todos lados, y descubrí que lo habían adoptado unos señores muy mayores que querían tener un hijo.
También descubrí que tenía un hermanastro mayor, Rodolfo.
Mas tarde, gentes que lo conocían me contaron que, cuándo sus “padres” murieron él solo tenía 12 años y, por ser menor de edad tuvo que ser su hermano de 19 años, Rodolfo, el que se ocupara de él.
Me dijeron que en realidad, Rodolfo era muy malo, pues lo maltrataba.
Después supe que cuándo mi hermano tuvo 16 años logró escaparse de casa e ir a un colegio de monjas que había en la ciudad. Cuándo ya tuvo 18 años le contrataron en una finca para trabajar las tierras, pero, la dueña de la casa, Rosalía, descubrió que su gran pasión era la escritura E ntonces, como ella pertenecía a una familia bastante adinerada, consiguió que al fin pudiese sacar un libro a la luz, su primera obra titulada: “Historias de un campesino”, y, poco a poco, fue publicando más y más libros y por lo tanto, trabajar menos las tierras.
Un día, el dueño de la finca, el padre de Rosalía, vio como se daban un beso, y se enfureció tanto, que echó a Jacinto del trabajo.
Jacinto ya no tenía oportunidad de sacar más libros a la luz pero, él y Rosalía se veían en secreto: Rosalía le llevaba dinero para poder comprarse comida, una casa... Y lo más importante, seguir publicando maravillosos libros.
Pero Josebas, el padre de Rosalía se dio cuenta de lo que pasaba y lo denunció de robo.
Como el país no era tan democrático como ahora, el alcalde mandó que decapitasen a mi hermano.
También sé que, una noche de luna llena, Rosalía se fue de casa de su padre por lo que éste había hecho y, hasta que no se disculpó con ella no se vio satisfecha. Lo malo es que, de allí a unos años, Josebas murió, dejándole a su hija una gran fortuna, por ser su única hija. Ella se casó con un hombre muy avaricioso que, después de casarse la mató, haciendo que pareciese que se había suicidado para quedarse con su fortuna.”
Yo me quedé sorprendida al oír la historia resumida del hermano de mi abuelo, aunque también me hizo reflexionar en que antes, la vida era mucho más dura que ahora y en que tengo un abuelo fabuloso, que cuenta las mejores historias del mundo.
Cristina Barral Villasenín
Fin

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